Entrar a la caverna. Una entrega al tiempo en la obra de Mercedes Pérez San Martín

 

María Lightowler

 

Se aconseja traer ropa cómoda, también botas de goma. El piso en la caverna es húmedo, el viaje es sinuoso y también ondulante.

Se ven vestigios de un futuro que todavía no se ha podido conocer, este es un espacio que aún no ha sido visitado por el hombre.

 

Para abordar esta muestra con obras recientes de Mercedes Perez San Martín, es necesario entregarse al tiempo y resistirse al tránsito lineal y continuo con el que solemos pensar un recorrido. Todo flota en su pintura y es posible ver las pequeñas partículas de tierra en flotación, suspendidas, luchando por el protagonismo entre fragmentos de rocas y hierros corroídos.

 

Hay una elección conciente disrupción entre un trabajo y otro, pero sin embargo todos constituyen un todo que sumergen al extrañado observador que no puede deducir si todo ya sucedió o está por acontecer, si está bajo el agua o elevado y carente de gravedad.

 

¿Cómo es posible que la pintura pueda hablar de todo esto? ¿Cómo es posible que la pintura pueda decidir su propio camino e independizarse impunemente de quien accionó el primer gesto de su creación? Toma decisiones por sí misma. Se apodera del espacio y de los cuerpos, se adelanta, se oculta, se superpone y todo ocurre a su propio tiempo. Es necesario entregarse a él. Mercedes permite que suceda.

 

No es necesario traer linterna, ya de a poco todo se va viendo con claridad. No hay certeza de que esto esté sucediendo realmente, pero es posible que al salir encuentres barro en tus botas.

 

Mercedes también se deja llevar y se delega en la obra. Aparecen nuevas formas y soportes que la desafían y ella confiada, con la confianza de alguien que transita un camino incierto, recorre con su mano la pared de la caverna que la guía hacia el lugar al que ha llegado hace tiempo.

 

Esta muestra es espacial. Al fondo se ve un círculo pequeño de luz, es el fin, es el exterior.

Solo hay que decidir si es mejor salir o dejarse permanecer aquí dentro, en esta placidez en tensión.

 

Yo prefiero quedarme.

 

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