Llegar puntuales a una cita a la que sólo es posible fallar
Des-limitación actualizada de la obra de Santiago García Sáenz
MARÍA LIGHTOWLER - 2016

Santiago García Sáenz fue un artista complejo que sin responder a ninguna moda, ni siquiera a la moda de la no moda, trazó un camino propio en la configuración de un cuerpo de obra con temáticas vinculadas con lo religioso: las narraciones del Nuevo Testamento y relatos apócrifos de origen local y regional; la identidad nacional, el mestizaje y la polaridad del paisaje urbano-rural, la enfermedad y la intolerancia, articulándolas con recuerdos de su infancia y escenarios autorreferenciales.

Como parte activa de la renovación pictórica de los ‘80, momento en el que se le otorga vida nuevamente a la pintura tras su presunta muerte en la década anterior, García Sáenz desarrolla obra predominantemente sobre papel en gran formato, donde abundan las composiciones figurativas con colores exuberantes que se despliegan en escenarios que, si bien tienen un anclaje con la realidad, desbordan de fantasía. Es también el momento del dibujo de pequeño formato en tinta o acuarela, disciplina que inicia en la década anterior siendo un estudiante. Estos dibujos pertenecen a un mundo más íntimo, a una instancia más declamativa de su ideología política y social, pero nunca llegan a exhibirse y se mantienen en un interludio secreto hasta esta publicación, en la cual se reproducen algunas piezas paradigmáticas del período.

En 1986 inicia un viaje desde el norte argentino hacia Paraguay, Bolivia, Ecuador y México. Por entonces la pintura ocupa el escenario principal y el soporte por excelencia es la tela, aunque incursiona en algunas experimentaciones instalativas y acciones artísticas. A partir de ese viaje y con motivo de la conmemoración del 5to Centenario del descubrimiento de América, comienzan a vislumbrarse  las temáticas que marcaran el camino a seguir; que configuran un cuerpo de obras que reflexionan y construyen un relato singular sobre la historia argentina y latinoamericana, que se desvían del discurso tradicional para instalar una lectura actualizada sobre temas como: la Conquista de América, las Invasiones Inglesas, el Mestizaje y la Guerra de Malvinas, entre otros.   

Es definitivamente en los 2000, cuando lo sacro toma un lugar preponderante en su producción. Eludiendo todo preciosismo, propone una mirada personal de lo religioso y de la espiritualidad. Las producciones de este período se manifiestan a partir de parábolas de la Biblia, la mitología cristiana y la historia de los Santos; contemplación que el artista tiene sobre su propio contexto, articulando acontecimientos del momento con sucesos místicos de la historia cristiana. García Sáenz trasciende el hecho anecdótico para hablar sobre las cosas que le preocupan de su entorno, de su vida propia. La figura del mártir, la dupla Adán y Eva o la imagen misma de Jesús son estampadas en escenarios urbanos, en Wall Street o en campos de la Pampa argentina; están atravesados y deben lidiar con los problemas y cuestionamientos contemporáneos. Como bien indica Mercedes Casanegra, se produce una analogía entre el tema del martirio y la intolerancia. El anonimato y la individualidad rompen la aparente atemporalidad de estas escenas y evocan los padecimientos de muchos en el presente (…)   La visión de García Sáenz pretende de manera simbólica abarcar a todos aquellos que parecerían no haber sido "imaginados" por esta cultura, especialmente los discriminados por razones sociales, políticas, religiosas, de enfermedad (…)[2].
Este período coincide con la autoedición de Ángel de la Guarda, publicado pocos meses antes de su fallecimiento en 2006, donde aparece la propia voz de García Sáenz y que recopila buena parte de los textos críticos presentados en distintas exposiciones.

Acercarse a la poética de García Sáenz es una tarea desafiante y por momentos provocadora. Su obra pareciera adecuarse a la perfección a lo que Giorgio Agamben explica de manera clara sobre nuestra contemporaneidad y que define como esa singular relación con el propio tiempo, que adhiere a él y a la vez, toma distancia; más precisamente, es aquella relación con el tiempo que adhiere a él a través de un desfasaje y un anacronismo[3]. En su anacronismo, la obra de Santiago García Sáenz plantea una visión compleja del arte contemporáneo.

En 2012 y con la plena convicción de que su producción merece ser puesta nuevamente en circulación y ser abordada con una mirada más plural y abarcadora, se inician diversas acciones que toman como plataforma el acervo en custodia de su familia y que trazan múltiples líneas de trabajo. Se plantea como hipótesis central que la obra de Santiago García Sáenz es partícipe activa del tráfico de los debates del arte contemporáneo argentino a partir de la década del ´80, proponiéndose como una obra que desborda los límites de la temática religiosa específica y que indaga la política y la identidad latinoamericana a partir de una poética propia.
El trabajo proyectado contempla una exposición retrospectiva que abordará su producción desde una mirada reactualizada. En simultáneo, se publicará un catálogo razonado que reúna su obra completa. Estas acciones están enmarcados en un plan mayor que tiene como objetivo la puesta en valor y su reinserción en el mapa del circuito actual, acompañadas de una intensa labor y un seguimiento minucioso de carácter museológico que contemplan la catalogación, documentación, restauración y conservación preventiva del cuerpo de piezas disponibles.

Puedo sentir que hice mi obra, que está, que es visible, decía Santiago. Su muerte prematura impidió conocer el devenir de la producción futura, pero su legado es suficiente para entender que García Sáenz fue un artista en sintonía con su época. Supo manejar estratégicamente la dialéctica distancia-acercamiento con su tiempo y además tuvo el coraje para transitar por la sombra de lo incierto y arriesgarse a pesar de que, como indica Agamben, el arte contemporáneo sea una cita a la que es imposible llegar puntual porque solo se puede fallar.

 

[1] GARCÍA SÁENZ, Santiago. Ángel de la Guarda. 50 años de dulce compañía. Editorial Argentina. Buenos Aires, 2005. P.122

[2] CASANEGRA, Mercedes. Una peregrinación estética y vital. Domingo 11 de noviembre de 1998. Arte. La Nación. Buenos Aires

[3] AGAMBEN, Giorgio. ¿Qué es ser contemporáneo? Nottetempo. Roma. 2008